Camila Ferreyra
Maestra destiladora
Coordina la columna de destilación y define los cortes de cabeza y cola. Trabajó ocho años en bodegas de Luján de Cuyo antes de sumarse a Mirai. Su obsesión: que el destilado llegue limpio sin perder textura.
Cómo un grupo de bartenders mendocinos empezó a destilar en lotes pequeños, con agua de deshielo y la idea fija de que un vodka también puede tener carácter propio.
Mirai no nació en una destilería grande ni con un plan de negocios cerrado. Empezó como una discusión entre dos socios sobre por qué el vodka que se servía en Mendoza rara vez tenía identidad propia. Ese desacuerdo derivó en pruebas de destilación en un galpón prestado, con un alambique de columna que todavía conservamos como referencia de los primeros lotes.
Etapa 01
Durante casi un año trabajamos con agua de deshielo traída de la zona alta y mosto de caña comprado a un productor de Tucumán. El objetivo era simple: lograr un destilado limpio sin recurrir a filtrados agresivos que borraran la textura. Aprendimos que bajar la temperatura de columna unos grados cambiaba por completo el resultado final, y ese ajuste quedó fijado como base del perfil Mirai.
Etapa 02
Cuando llegó el momento de escalar, elegimos no hacerlo del todo. Preferimos mantener volúmenes acotados para poder controlar cada partida y ajustar la dilución según la estación. Eso implica más horas de trabajo y menos botellas por tanda, pero nos permite responder a los bartenders que nos pedían una base neutra pero con cuerpo, capaz de sostener cócteles con ingredientes locales como durazno, tomillo o piel de limón.
Etapa 03
Buena parte de lo que hoy sabemos lo aprendimos sirviendo, no destilando. Armamos noches de prueba en bares chicos de Mendoza donde medíamos dilución, temperatura de servicio y tiempo de agitado con cada receta. De ahí salieron ajustes concretos: servir más frío en verano, reducir el hielo en tragos aromáticos y evitar guarniciones que taparan las notas cítricas del destilado.
Etapa 04
Hoy seguimos en el mismo galpón, con más orden y mejores registros. Estamos documentando cada lote para entender cómo varía el agua según el año y qué margen de ajuste tenemos sin perder consistencia. La idea no es crecer rápido sino sostener un producto que reconozcamos en la copa, y que quien lo sirva sepa exactamente qué está poniendo en la barra.
No abrimos una destilería para llenar una vitrina. La idea nació en una cocina de Mendoza, después de una cena larga donde el vodka aparecía como un ingrediente olvidado, siempre detrás del vino. Nos preguntamos qué pasaría si lo tratáramos como lo que es: un destilado blanco que puede sostener una mesa entera si se trabaja con criterio.
Mirai se sostiene sobre tres principios que no negociamos. El primero es el agua: trabajamos con deshielo de los Andes, sin atajos, porque define la textura final. El segundo es el tiempo: los lotes pequeños se filtran lento, y preferimos esperar antes que apurar una partida. El tercero es la barra: cada decisión de producción se prueba primero en un vaso, con hielo real y manos que sirven todas las noches.
Deshielo de altura, sin tratar de más. La base que no se disimula.
Lotes chicos, filtración lenta. El calendario manda, no la demanda.
Cada partida se valida en servicio antes de salir de la destilería.
El efecto que buscamos es simple: que quien sirva una botella de Mirai tenga margen para improvisar. Que un bartender pueda construir un trago seco para empezar la noche y otro más aromático para cerrarla, sin que la base se imponga. Si eso ocurre en la mesa, el resto del relato lo escribe quien está del otro lado de la barra.
Mirai no nació en una oficina. Nació entre barricas, pruebas de filtración y discusiones sobre cómo servir un trago seco sin que el hielo arruine el perfil. Detrás hay un equipo chico, con oficios distintos, que se cruza todas las semanas para ajustar lotes, recetas y la forma en que el vodka llega a la mesa. Cada uno aporta desde su terreno: destilación, barra, cocina o logística.
Maestra destiladora
Coordina la columna de destilación y define los cortes de cabeza y cola. Trabajó ocho años en bodegas de Luján de Cuyo antes de sumarse a Mirai. Su obsesión: que el destilado llegue limpio sin perder textura.
Jefe de barra
Diseñó la carta de cócteles de autor y prueba cada receta con hielo de coco y cítricos de estación. Viene de la coctelería de autor en Palermo y aporta el criterio de servicio: temperatura, dilución y orden de pasos.
Chef de experiencias
Arma los maridajes de las cenas nocturnas. Piensa el menú por progresión: entradas frías, platos especiados y un cierre cítrico. Su regla es simple: el vodka acompaña, no tapa el plato.
Control de calidad
Registra cada lote con cata a ciegas y ficha técnica. Anota temperatura de destilación, tiempo de filtrado y observaciones de textura. Si un lote no cierra, no sale.
Diseño y presentación
Define etiqueta, botella y material de servicio. Trabaja con proveedores locales de vidrio y papel para que la estética minimalista no dependa de importaciones.
Logística y eventos
Coordina entregas en Mendoza y traslados a eventos privados. Cuida la cadena de frío y el estado de cada caja. Conoce de memoria qué ruta conviene según el horario de la noche.